lunes, 21 de julio de 2014

ABC

Padres separados, ¿cómo afrontar las vacaciones?


A veces, las expectativas de estar en verano con los hijos en solitario da vértigo tras un divorcio

Las vacaciones son por excelencia el tiempo de disfrutar juntos toda la familia. Sin embargo, no se puede olvidar que cada vez existe un mayor número de padres separados y que en estas fechas se reparten a sus hijos. Una situación que, a buen seguro, será utilizada por los hijos para intentar sacar el máximo partido de sus padres.
Saber reaccionar y no desesperar ante los contratiempos o reacciones inesperadas de los hijos a veces no resulta fácil, sobre todo cuando los progenitores esperaban con ansia el momento de disfrutar de los hijos, después de su separación o divorcio.
Según Cristina García Desplat, psicóloga, asesora familiar, miembro del equipo de www.psiocatorientacio.org y colaboradora de Superpadres.com, gran parte del éxito de las vacaciones va a depender de cómo las afrontemos psicológicamente. «Pensar que vemos poco a nuestros hijos y que hay que aprovechar al máximo puede ser una presión añadida, especialmente cuando no se tiene la custodia».
Para que este tiempo en familia sea los más porvechoso y positivo posible, esta psicóloga recomienda tres situaciones que hay que evitar:
1. Grandes expectativas: No te obligues a disfrutar, ni reproches a tus hijos que no disfrutan lo suficiente. Acepta las cosas como vengan y olvídate de las grandes expectativas. Porque siempre sale algo mal. Puede llover, los transportes se retrasan, los niños se pelean, dicen que se aburren o se pasan el día llorando. Es normal y también pasaría si los padres no estuvieran separados. No tiene sentido reprocharles que no disfrutan lo suficiente y menos echarles en cara lo mucho que te ha costado o lo duro que has trabajado para conseguir pasar unos días fuera en un bonito lugar.
2. Exceso de mimos: Es habitual compensar nuestras inseguridades colmando al niño con todos sus caprichos o consintiendo comportamientos tiránicos para que pase unas «felices» vacaciones. Lo sano sería ayudarle a comprender y aceptar que hay un orden en las cosas y ese orden no lo deciden los hijos, aunque se pueden tener en cuenta sus opiniones si las expresan con corrección. Una buena receta podría ser: amabilidad, respeto y mucho cariño, pero siempre con firmeza. No ceder ante las pataletas y tener mucha paciencia para no responder con gritos a sus gritos.
3. Evitar meter al niño en nuestras guerras: Cuando el otro progenitor no quiere o no puede cumplir los planes pactados para las vacaciones debemos tener presente que para los hijos es importante no sentirse rechazado, ni abandonado. Nuestra posición ha de ser la de ayudar a aceptar, comprender y perdonar, para que el niño pueda superar la frustración. Echar leña al fuego nos daña a todos.

Reacciones inesperadas

Por último, es importante tener previsto que durante las vacaciones pueden surgir algunas reacciones que no esperábamos en nuestros hijos:
· Retrocesos: Con los cambios de rutinas pueden reaparecer problemas que parecían ya superados, como eneuresis, lloros o miedos. Ante estos pequeños retrocesos debemos ser comprensivos y tener paciencia. No hay porqué alarmarse, es normal.
Simplemente acompañar al niño y tratar de neutralizar los sentimientos de culpa o vergüenza que pudieran aparecer.
· Rebeldía: Ahora que llega el reencuentro de las vacaciones tan anhelado por los padres resulta que a los hijos no les gusta nada de lo que se propone; solo buscan defectos a las decisiones de los adultos y a la que pueden desobedecen o sabotean los planes.
Si encuentras esta actitud plantéate que posiblemente están dolidos. Es habitual, y hasta cierto punto normal, que sientan que los adultos han decidido romper la familia y «destrozarles su mundo» por lo que se rebelan con toda su energía contra uno de los progenitores, los dos, o el mundo entero.
Necesitan expresar su impotencia y su enfado. Hasta que, poco a poco, vayan asumiendo que en la vida a todos nos ocurren muchas cosas que nos cuesta entender y no podemos cambiarlas.
Lo único que podemos hacer es adaptarnos nosotros para sentirnos mejor. Puede ser bueno intentar comprender cómo se sienten y evitar la represión severa. Eso solo aumentaría la distancia y el resentimiento. Se puede ser cariñoso, firme y flexible al mismo tiempo. Aunque la flexibilidad no debe ser arbitraria, ni una rendición, sino un camino para comprenderse y mejorar.

lunes, 7 de julio de 2014

ABC

Consejos para que tus suegros no te amarguen las vacaciones


Decálogo de la psicóloga de pareja Mila Cahue para convivir en armonía con la familia política

En más de una familia las vacaciones no son motivo de armonía ni de un descanso en paz. La convivencia con la familia extensa (suegras, cuñados...) da pie a muchas tensiones, suspicacias, obligaciones... que se pueden convertir en una auténtica tortura. Incluso, que llegan a dar lugar a deteriorar la relación de pareja, sobre todo si no está pasando por su mejor momento. Por este motivo, Mila Cahue, psicóloga de pareja del Centro de Psicología Álava-Reyes y autora del libro «Amor del bueno», ofrece un decálogo de consejos para que la convivencia con el resto de la familia no le amargen las vacaciones:

En casa de los padres o de los hijos

Tanto unos como otros deben respetar las normas de la casa en la que se encuentren. Es decir, «si son los hijos los que están en casa de los padres, deben respetar sus normas y su estilo de vivir. Si no les gusta, lo más adecuado será ir a otro sitio», recomienda Cahue. Si por el contrario, son los padres quienes están en casa de los hijos, deben entender que las normas de la casa son las que han establecido los hijos.
El respeto es la prioridad máxima para que la convivencia durante estos días resulte de buen grado. Por eso, Cahue explica que «los padres deben dejar un espacio de intimidad a los hijos y estos tendrán que aceptar la forma de vivir de sus padres».
En ambos casos también prima la hospitalidad. Dice la psicóloga que «cuando tenemos gente con nosotros, procuramos variar un poco nuestros hábitos para agradar a los invitados y que éstos se sientan a gusto. Incluso cuando existe muy buena relación hay que tener claro en casa de quién se está, qué lugar le corresponde a cada uno en cada contexto y quién tiene la última palabra en momentos determinados».

Decálogo para la convivencia de Mila Cahue

1. La familia primera es la que uno crea, no de la que uno procede. Con esto en mente, podemos empezar a organizar y a recolocar al resto de la familia y de los elementos que componen las vacaciones.
2. No esperar al primer día de vacaciones o a estar todos juntos para decidir o tener claro qué se va a hacer. Se aconseja comenzar a hablar con la pareja al menos una o dos semanas antes de la manera más objetiva y descriptiva posible sobre cuáles son los contextos en los que va a estar, lo que les apetece hacer a ellos como pareja o con sus hijos, lo que probablemente crean o sepan que van a ser los planes de sus padres o cuñados, y además, de la familia política, y decidir cuáles son los más adecuados para este año.
3. De la misma manera, no esperar al primer o segundo día de las vacaciones para informar a las respectivas familias de cuáles son los planes acordados por la pareja para este año. Al menos una semana antes, es conveniente empezar a hablar con las familias respectivas sobre los planes acordados previamente en pareja. Si hay que hacer alguna modificación acordada, todavía estamos a tiempo. Es posible que uno prefiera callarse hasta el último momento para evitar conflictos. Simplemente hay que tener en cuenta que si a la familia pudiera molestarle algo en ese momento, sin duda el enfado será menor que cuando les estemos rompiendo directamente los planes el mismo día de tener que hacerlos. A mayor nivel de enfado, menor será la capacidad para resistirse y ceder.
4. Dentro de la planificación de visitas a distintas casas, es importante que haya momentos exclusivos de la pareja y/o de la familia que hayan creado. No dejar pasar las vacaciones sin haber tenido momentos únicamente para los dos. Ni hijos, ni familias políticas.
5. Si con algún miembro de alguna de las familias existieran conflictos importantes, pero no se quiere hacer un feo, acortar todo lo posible la estancia. A veces un café o una merienda pueden ser suficientes. Las dificultades pequeñas se toleran y se lidian mejor.
6. Si uno de los miembros de la pareja quisiera pasar más rato con su familia y el otro no, hay que resolverlo también de antemano para que así puedan los dos organizarse mejor ese tiempo, especialmente el que no va a acudir. Es importante cerrar con alguna actividad juntos (ir a recoger al otro, cenar, dar un paseo) para que perdure la sensación de que, aunque se haya podido estar separados, se trata de algo consensuado por ambos.
7. Acordar con la pareja qué es lo que van a hacer los dos en caso de que se dé alguna situación conflictiva por algo o con alguien en particular (y que ya se puede prever, pues suele ser lo habitual en las reuniones familiares). Cambiar de temas de conversación o levantarse sin agresividad y cambiar de sitio (pero tienen que estar los dos actuando al unísono). Estas situaciones conflictivas también son momentos magníficos de complicidad para la pareja.
8. No tomar decisiones unilaterales en situaciones imprevistas, ya que son letales para la relación. Darse un tiempo aparte (aunque sea en el baño) y acordar el nuevo posicionamiento.
9. Controlar lo que uno está pensando o interpretando en cada momento y, como consecuencia, lo que dice y lo que hace. Si se puede relativizar o minimizar, mejor. Distraerse todo lo posible fijándose en las partes agradables de cada situación y pensar que «ya se pasará», pero con la sensación de que se cuenta con el apoyo recíproco de la pareja.
10. No olvidar reforzarse mutuamente tras la «prueba superada». Si todo ha salido bien, o lo menos mal posible, y además la planificación ha sido adecuada o se ha sabido corregir a tiempo, es importante que la pareja se dé una pequeña alegría que refuerce aún más sus vínculos.

jueves, 26 de junio de 2014

ABC


Claves para revitalizar la pareja tras la llegada de los hijos


La mayoría de las parejas no son conscientes de esos cambios hasta que comienzan los problemas


Chico conoce chica. Se caen bien, intercambios de teléfono, cenas románticas, un viaje inesperado, flores en el trabajo, promesas de amor eterno. De repente se dan cuenta de que están hechos el uno para el otro y, pasado un tiempo prudencial, deciden iniciar una vida en común, un proyecto vital juntos: casarse y tener hijos. Todo fluye a la perfección y están convencidos de que así será. Se casan, hacen ese viaje de novios de ensueño y se preguntan cómo es posible que la gente diga que el matrimonio trae ajustes complicados. En unos meses el predictor dice sí y todo sigue igual de bien. Y, de repente, llega el bebé deseado, amado, buscado y querido y sin que apenas ellos mismos se den cuenta, algo empieza a cambiar en la relación. La mayoría de las parejas no son conscientes de esos cambios hasta que comienzan los problemas. Es importante preveer y saber qué hacer. La llegada de un hijo cambia mucho las cosas.
Olga Carmona es psicóloga clínica, co-fundadora de psicología Ceibe junto a Alejandro Bustos. Ambos ayudan a parejas a recuperar lo que se ha perdido. Muchas veces, con la llegada de los hijos. Pero, ¿por qué cambian tanto las cosas cuando nos convertimos en padres? ¿Cuáles son los ajustes que hay que hacer en la pareja? Olga es contundente y no duda ni un instante: «¡Todos! A nivel emocional, psicológico, físico, logístico. Cambia la estructura del sistema que hasta ahora estaba formado por dos adultos con un montón de ajustes ya realizados, a ser tres, siendo uno de los vértices del triángulo un ser absolutamente dependiente y vulnerable». Y no sólo eso, es que además —añade— Cambia nuestra percepción del mundo, nuestras prioridades, aparecen temores desconocidos, conflictos, inseguridades… es necesario reajustarlo todo”
Carmona está convencida de que «una pareja es un sistema que tiene su propio equilibrio, aquél que necesita y cubre sus necesidades afectivas, que para cada pareja son distintas. Cuando llega un hijo, el binomio salta por los aires para convertirse en un triángulo al servicio de las necesidades de un tercero que exige mucha energía en términos de afectividad y presencia. La pareja desplaza la mirada hacia alguien que ya no es el otro, o al menos ya no es en la misma proporción que era».
—¿Por qué muchas parejas sufren una grave crisis con la llegada del primer hijo?
—Tantos años en consulta y la propia experiencia personal hacen que la psicóloga no dude al afirmar que esto sucede “porque somos tremendamente resistentes al cambio. Nos sentimos seguros en la inercia, en lo conocido, y la llegada de un hijo es posiblemente uno de los mayores cambios vitales en la vida de un ser humano.
—¿Qué le pasa a la mujer?
—En cualquier caso, como hombres y mujeres no somos iguales, la llegada de los hijos se ve y padece de forma diferente. La psicóloga explica que: en el caso de las mujeres, el cambio va desde lo físico y bioquímico hasta nuestro mundo emocional, que se siente asaltado por la que creo que es la más intensa forma de amar posible. Nos ponemos en cuerpo y alma al servicio de las necesidades de toda índole de un ser que percibimos, y es, absolutamente vulnerable. Este terremoto vital, sumado al cansancio físico y en muchos casos la sensación de desbordamiento psíquico, hacen que nos desconectemos temporalmente del mundo. Y en el mundo exterior, también está nuestra pareja”
—¿Y qué pasa con los hombres?
—Para los hombres es también un cambio brusco y muchas veces desconcertante. Se pueden llegar a sentir agotados, también desbordados, algunas veces desplazados por esa fusión que se produce entre madre e hijo. También tienen que reaprenderse en un rol que hasta ahora les era desconocido.
—¿Qué se puede hacer para evitar la rutina, caer en el olvido de la pareja?
—Es importante para la pareja reconectar, no desconectar. Reconectarse, volver a mirar al otro, buscar espacios que favorezcan y faciliten volver a la emoción que dio origen a los hijos. Alejarse de la exigente rutina, hacer un paréntesis donde volvamos a ser los protagonistas, tomar perspectiva, fortalecer el vínculo. Es tan fácil como frecuente que las imprescindibles demandas de los hijos nos arrastren hasta casi olvidarnos de que también somos hombres y mujeres, no exclusivamente padres. Y que esto no sólo no es incompatible sino esencial. Nuestros hijos necesitan padres sólidos que puedan ofrecer un referente de pareja del que ellos aprenderán. Y ¡claro! a veces no fluye sólo, hay que esforzarse en buscar estos espacios y requieren de una planificación que antes de los hijos era mucho más sencilla. Pero insisto, imprescindible.
Para lograr esto tan necesario en una pareja existen hoteles donde no se admiten niños por una razón muy sencilla: Si uno quiere reconectar con su pareja, algo tan importante para revitalizar el matrimonio y, por ende, la familia, y acude sin niños, si se encuentra con otros niños puede que el objetivo no se cumpla, generándose pensamientos de sentimiento de culpa, pensar en los hijos más que en ese fin de semana que como pareja se están regalando…

martes, 17 de junio de 2014

ABC

Estas son las etapas de la pareja con mayor riesgo de separación

Una relación comienza cargada de buenos propósitos, sin embargo hay periodos más sensibles al distanciamiento y ruptura. ¿Quieres saber cuáles son?

La ilusión de tener al lado a alguien que te trasmite cariño, amor, y que te comprende lleva a muchas parejas a tomar la decisión de compartir sus vidas y casarse con la convicción de que será para siempre. Este compromiso da paso a momentos de gran complicidad y de vivencias que resultan maravillosas por el deseo de compartir juntos su tiempo.
Sin embargo, lo que en principio puede parecer un cuento de hadas, no siempre es así. Tanto la realidad del día a día, que cada vez puede resultar más estresante, como la vida en pareja lleva consigo multitud de situaciones que pueden poner en riesgo la estabilidad de la pareja. Hay que saber cómo hacerles frente para superarlas, pero sobre todo pensar que juntos se pueden superar. Pero, ¿cuáles son esas etapas más conflictivas en la relación?
La primera de ellas es el inicio de la convivencia. «Éste es un momento de adaptación en el que realmente empiezas a conocer de verdad al otro pues ya no solo presenta su mejor cara, sino que también le vemos cuando está enfermo, de mal humor, recién levantado… y muestra sus manías y hábitos —explica Cayetana Hurtado de Mendoza, coordinadora Escuela de Parejas de la Fundación Educativa Universidad de Padres—. Comenzar a vivir juntos supondrá, además, que ambos tendrán que negociar para llegar a acuerdos en las tareas de la casa, temas económicos… lo que puede dar lugar a algún que otro roce hasta que los límites y normas queden bien establecidos».

La llegada del primer hijo

Pasado este primer momento llega un periodo de mayor tranquilidad hasta la llegada del primer hijo. Se trata de un momento, por lo general, muy esperado por la pareja, pero no se puede obviar, que también es una fuente importante de estrés puesto que la responsabilidad de cuidar a un bebé conlleva muchas dudas y miedos. La pareja tendrá que adaptarse a ese nuevo ser que formará parte de la familia y que requerirá de toda la atención de sus padres. «En este momento —añade la coordinadora de la Escuela de Parejas — cambian los horarios, se duerme menos, hay menos espacios dedicados a la pareja y a los momentos de intimidad, lo que puede hacer que surjan, en ocasiones, emociones negativas en alguno de los padres de sentirse en un segundo plano, sobre todo cuando alguno de ellos se vuelca en el cuidado del niño. Es una etapa en la que se genera un contexto propicio para que aparezcan fricciones, pues ambos están cansados y estresados y hay poco espacio para los dos. Ahora gira todo en torno al bebé».

Estancamiento

Otra de las situaciones que pueden llegar a provocar una crisis en la pareja es que vivan un periodo de estancamiento mantenido en el tiempo. Es habitual que ocurra cuando llevan años en pareja y no han dado pasos en común, ya sea casarse, tener hijos, cambio de casa… «Uno de los aspectos que mantiene a flote una pareja y que mayor satisfacción proporciona es desarrollar proyectos en común que generan sentimientos de crecimiento y de avanzar juntos», explica Cayetana Hurtado de Mendoza..

Desgaste por circustancias personales

En otras ocasiones no se produce este estancamiento mantenido en el tiempo, pero sí unas circunstancias de convivencia en la pareja que provocarían momentos difíciles. Como en el caso de que la pareja construya su vida en un contexto en el que reina la rutina, no hay casi tiempo de calidad en la pareja y ambos se centran en sus trabajos u obligaciones dejando en un segundo plano a la pareja y llevándola a un estado de desgaste y desilusión que acabará por generar problemas de más gravedad.

Contratiempos en la salud o el trabajo

La especialista en parejas, añade que puede ocurrir también que alguno de los miembros del matrimonio padezca algún problema físico o enfermedad mental. «En esta circunstancia ambos sufren mucho y puede llegar a suponer momentos de mucha frustración y desequilibrio, pues será uno de ellos el que asuma las riendas y tire de la pareja mientras que el otro se recupera».
Algo similar sucede cuando alguno de los dos se queda sin empleo y empiezan a aparecer problemas de dinero y el otro compensa esa responsabilidad económica. En este caso, el que se queda sin trabajo comienza a sentirse menos útil y pueden surgir sentimientos negativos respecto a su persona y al papel que juega en la pareja y acabar afectando a la relación. Y, por otra parte, el que trabaja más se siente sobrecargado.

Cuando los hijos se van de casa

Otro momento crítico surge cuando los niños se hacen adultos y se van de casa, pero llega lo que se conoce como el síndrome del nido vacío. Esta nueva situación puede suponer un problema cuando la pareja se ha centrado en el cuidado de los hijos. «Ahora cuando se ven los dos solos, sin ese punto de unión, tienen que volver a reinventarse y construir nuevos lazos —explica Cayetana Hurtado de Mendoza—. Algo parecido sucede cuando llega la jubilación y ambos pasan más tiempo en casa».
«En muchas ocasiones se encuentran como dos desconocidos que llevan toda la vida viviendo juntos pero que ahora no saben de qué hablar o cómo compartir su tiempo. Esos huecos que antes dedicaban al trabajo ahora han quedado libres y sienten un vacío que tendrán que volver a llenar y aprender a compartir con su pareja».

Un hecho traumático

Otra de las circunstancias más difíciles por las que puede pasar una pareja es afrontar un hecho traumático como la muerte de un familiar o la enfermedad de un hijo. Algunas parejas se unen y establecen unos lazos más fuertes. Sin embargo en otras ocasiones conlleva la separación debido a que cada uno se encierra en sí mismo, lo que supone un distanciamiento. Relacionado con ello estarían las cargas familiares de alguno de los miembros de la pareja que pueden provocar una sobrecarga e interferir en la dinámica de la relación.
Los engaños, infidelidades o mentiras vulneran uno de los pilares más importantes en los que se sustenta una pareja: la confianza. Si ésta falla se producirá una espiral de inseguridad y demandas constantes que provocarán un distanciamiento mayor.

Los cambios evolutivos

Por otra parte, concluye la especialista en parejas, «no podemos olvidarnos de los cambios evolutivos que en cada uno se sucederán —la menopausia o andropausia, cambios corporales después de los embarazos, dificultades físicas, vejez…—. A todos ellos deberán enfrentarse tanto personalmente como en pareja pues estos cambios repercutirán en el estado de ánimo y en la autoestima de la persona y, por tanto, en el modo de relacionarse con el otro también».

martes, 20 de mayo de 2014

ABC

 

¿Quién se queda la vivienda en caso de divorcio?


Las rupturas matrimoniales son procesos largos con muchas derivadas económicas

Los divorcios nunca son plato de gusto. Además de las consecuencias personales y sentimentales, el hecho de comenzar una nueva vida lejos de la otra persona lleva implícitas multitud de consecuencias económicas que pueden desencarrilar más de una cuenta corriente. Estos son los aspectos que debes tener en cuenta.
En primer lugar, el proceso requiere tiempo. En el mejor de los casos, si hay acuerdo entre los cónyuges, pueden pasar de tres a seis meses desde que se ponen en marcha todos los trámites con un abogado hasta que sale la sentencia de divorcio. Como hay consenso, se supone que la pareja ya ha tomado una decisión sobre la custodia de los hijos y sobre el uso de la vivienda. Este último aspecto, quién se queda con el piso, suele ser uno de los más conflictivos. Según explica en una entrevista con Finanzas.com Ignasi Vives, abogado del bufete Sanahuja & Miranda, lo que prima en un primer momento es la voluntad entre las partes. Mientras haya acuerdo, las cosas pueden ir prácticamente rodadas.
Pero si el matrimonio no es capaz de ponerse de acuerdo, es cuando empiezan a llegar todos los problemas. En primer lugar, habrá que recurrir a la vía judicial para que sea un magistrado quién decida la persona que debe disfrutar de la vivienda.
¿Quién se queda el piso?
Para el supuesto de que existieran hijos menores de edad, el Código Civil indica que el uso del domicilio se deberá atribuir preferentemente "al progenitor a quien se le otorgue la guarda y custodia de los menores mientras que esta dure", según apunta Vives. Pero si no existen hijos, entonces "el juez puede dar el uso de la vivienda al cónyuge menos favorecido económicamente", recuerda este letrado. También se asignará la vivienda al cónyuge más necesitado en caso de que los hijos sean mayores de edad o se haya establecido una guardia y custodia compartida.

lunes, 14 de abril de 2014

El Pais

Cásate y no te arrepientas por el gasto

El coste medio de una boda de 100 invitados se sitúa en 16.534 euros, según datos de FUCI

El banquete y los trajes son dos de los elementos donde más dinero se va del presupuesto


Abigaid Fernández se le dan bien las manualidades y ha dibujado las invitaciones de su boda con un mapa indicativo que ha mandado en sobres de papel reciclado. Se casa el próximo junio en una finca privada, cedida por unos amigos, situada en un pueblo de Toledo. Una amiga ha realizado chapitas para repartir entre los 100 invitados que asistirán al enlace y su futuro marido ha encontrado los asientos perfectos para la ceremonia: unas alpacas cedidas por otros conocidos de la pareja. Quedan menos de dos meses para la cita y a Abigaid le quedan aún algunos detalles, como el vestido de novia o la contratación del catering. Por eso ha decidido acudir al taller Cómo organizar una boda diferente, organizado por Madrid Confidential, una página web llena de planes originales y citas secretas en Madrid, e impartido por Leo Bride. “Queremos transmitir la idea de que se puede preparar una boda de manera rápida y natural”, explican Ana y Andrea, fundadoras de esta empresa dedicada a la planificación de bodas.
Con la llegada del buen tiempo ha comenzado la temporada idónea para la celebración de bodas. A pesar de que el número de matrimonios ha bajado —en el primer trimestre de 2013 se celebraron un total de 70.996 enlaces, de los que un 2,4% correspondieron a parejas del mismo sexo (1.690), según el INE—, casarse es cada día más caro, por lo que conviene ajustar el presupuesto, algo para que los preparativos son la clave. La Federación de Usuarios y Consumidores Independientes (FUCI) calcula que el coste medio de una boda para 100 comensales oscila entre los 11.864 y los 21.205 euros, siendo la media de 16.534 euros. Esta cifra ha supuesto un incremento con respecto al año pasado ya que se calcula que el coste medio de una boda en 2013 era de 12.590 euros. “A pesar de que se produce un incremento sustancial, la crisis que está sufriendo el país hace que las parejas miren con lupa los precios, acogiéndose a cuantas deducciones y ofertas puedan ofrecerles", explica Gustavo Samayoa, presidente de FUCI.
El banquete, continúa Samayoa, sigue siendo la partida cuyo coste es más elevado. Y eso "pese a que la mayoría de los restaurantes han asumido la subida del IVA para evitar una pérdida de ingresos”, matiza. Según datos de la FUCI el precio medio del cubierto suele ser de unos 75-100 euros, así que para una boda de unos 100 invitados, la suma ascenderá variando en función del restaurante y menú elegido, entre 7.500 y 10.000 euros. A este gasto hay que añadirle la música y la barra libre, unos 790 euros de media, aunque muchos establecimientos hoteleros ofertan este servicio sin cargo adicional para conseguir resultar más atractivos, explican desde la federación de consumidores.
El otro gasto ineludible son los trajes de los contrayentes. Alquilar el chaqué es una de las alternativas más extendidas, pero cada vez cobra más fuerza buscar alternativas para ahorrar también en el vestido de la novia, una de los elementos más importantes en cualquier boda. Marta, psicóloga, se casó el pasado junio y su vestido de Rosa Clará le costó 2.400 euros. “Tras la boda no veía qué uso podría darle a mi traje de novia así que preferí venderlo y que otra persona pudiese utilizar una prenda tan bonita. Al principio fue una cuestión práctica, no tenía dónde meterlo ni quería que todo lo que me costó no tuviera una mejor salida...”, explica la novia. Anunció su vestido, rebajado hasta 1.200 euros, en Nuptialista, una página web dedicada exclusivamente a la compra y venta de vestidos de novia de segunda mano.
Esta práctica, más extendida en países como Japón y Estados Unidos, está creciendo también en España. “El 90% de los vestidos anunciados son de primeras marcas y están rebajados hasta un 65%. Nos preocupaba porque no queríamos caer en ser un mercadillo; puede que las novias no quieran comprarse un vestido de 3.000 euros, pero tampoco uno que tenga un corte chino”, explica Belén Caeiro, una de las fundadoras del proyecto, junto a Malú Ambrosio. La idea de montar este servicios les surgió de vuelta de Filipinas, cuando de camino a España en el transiberiano conocieron a una pareja que se acababa de casar, y ella lo hizo con un vestido de segunda mano comprado en eBay. “El concepto de guardarlo y que tu hija lo use algún día está desfasado. El vestido ha sido una gran inversión y cada vez se le ven más ventajas a venderlo, entre otras cosas, porque ocupa mucho espacio”, apunta Caeiro.
Marta, que consiguió vender su vestido en menos de dos meses, también buscó la manera de ahorrar en otros aspectos de la boda: “Contacté con la chica que se casaba en la misma iglesia por la tarde y compartimos el gasto de las flores para decorar la ceremonia. Para la fotografía, contamos con un amigo con experiencia en reportajes que se ocupó de cubrir todo el día. La verdad es que quedó muy cercano y nos encantó el resultado. Al preparar una boda te haces consciente del enorme gasto que supone y te solidarizas mucho con otras novias”, asegura esta psicóloga.
Ana y Andrea, las consejeras de Leo Bride recomiendan hacer un calendario para organizarlo todo con antelación de unos 12 meses —si se tiene el tiempo suficiente—. Aunque por experiencia propia también aconsejan tomarse un respiro en los preparativos y no echarse todo el peso encima de la organización. Por eso, animan a acudir a familia y amigos para la decoración y los detalles del día de la ceremonia. Además, y como ideas que ahorran, recomiendan montar una página web de la boda y hacer un correo electrónico conjunto para que los novios reciban los datos conjuntamente y estén coordinados.
“Los hábitos de consumo han cambiado y las nuevas tecnologías han ayudado. Antes las invitaciones eran por correo tradicional y con esto te ahorras el dinero del envío y también te aseguras recibir respuesta inmediata”, asegura Ignacio Pereira, fundador de Noskasamos.com. La iniciativa de este emprendedor se define como una plataforma de organización de bodas online, en la que los novios tienen un espacio privado donde gestionan los datos de sus invitados, qué necesidades tienen (sí van con hijos, si necesitan autobús para llegar a la ceremonia), se les envía una invitación digital con todos los datos, que también pueden consultar en la página web personalizada de la boda y se gestiona la lista de regalos, que a diferencia de otras plataformas, transfiere el 100% del dinero que recibe la pareja. “Los hábitos cambian y está de moda tener una página web de tu boda. La gente puede comentar, consultar donde está la iglesia, los hoteles cercanos. Las bodas, en definitiva, son un evento profesional para amateurs, así que toda la ayuda es poca”.

Otros consejos

  • Elaborar un presupuesto que limite los gastos acorde a las posibilidades económicas de cada pareja.
  • El 81% de las bodas se programan en verano y otoño, y en el 53% de los casos se celebran en hoteles, salones de bodas o restaurantes. Fuera de temporada, los lugares de celebración están prácticamente vacíos, por lo que es cuando se barajan mejores ofertas.
  • Otra opción que abarata aún más los costes es organizar una comida en vez de cena, ya que las ofertas diurnas suelen ser más asequibles.
  • Comparar precios y calidades, fijándose muy bien en la letra pequeña.
  • Dejar cerrado el precio final de cada producto y firmar un contrato que detalle las obligaciones de la empresa contratada.
  • Concretar los detalles del cubierto y la barra libre.
  • Reservar anticipadamente el viaje.
  • Guardar todos los documentos de compra.
  • Reclamar en caso de considerar que se han vulnerado sus derechos como consumidores.

miércoles, 26 de marzo de 2014

ABC

Cómo actuar si te separas y tenéis hijos en común

La estabilidad familiar de los pequeños cambia y esto siempre trae consecuencias

Desde que en 1982 se instauró el divorcio en España es una imagen habitual: padre con niños en fin de semana o madre con niños en la misma tesitura. Cuando los padres se separan pierden muchas cosas importantes en la vida pero por encima de todo quienes pierden de verdad son los niños. Su estabilidad familiar tal y como la habían conocido hasta ese momento, cambia y esto siempre trae consecuencias. Lo importante es que ambos progenitores tengan una causa común por encima de todas las discusiones: que los niños sigan creciendo felices.
Sobre el papel todo parece sencillo, pero si ambos se esfuerzan y dejan de lado los reproches mutuos o todas aquellas cosas que no funcionaron siendo pareja, su función de padres puede seguir siendo bueno y los hijos en común evitarán traumas que pueden arrastrar para el resto de sus vidas.
¿Qué hay que hacer cuando una pareja quiere separarse? Hay dos aspectos fundamentales que todo futuro ex cónyuge debe tener en cuenta. La parte legal del proceso y la parte psicológica. Hemos hablado en ABC con dos expertos en la materia.

La parte legal

En primer lugar, y para evitar confusiones, es fundamental explicar la diferencia entre separación y divorcio ya que la tendencia en el lenguaje común es no diferenciarlos, cuando en realidad jurídicamente son diferentes. Tal y como explica Fernando Díaz-Ponte Penedo, abogado en ACYG abogados, la diferencia entre ambos se encuentra en los efectos: mientras que la separación no extingue el vínculo matrimonial el divorcio, sí. Una persona separada judicialmente no podrá contraer matrimonio de nuevo, en cambio una persona divorciada sí. De igual modo, dos personas separadas que se reconcilian no precisarán contraer de nuevo matrimonio ya que el vínculo matrimonial no fue extinguido. Es importante también aclarar que la separación no es necesariamente un paso previo al divorcio. Uno se puede separar o divorciar, o bien, se puede separar y más tarde divorciar. Los efectos en cuanto a las medidas que se adopten (guarda y custodia, pensiones, régimen de visitas etc., son los mismos para ambos).
Mucha gente no tiene claro el procedimiento a seguir, algo lógico si tenemos en cuenta que no es un proceso común en la vida de las personas. Según el abogado, «es frecuente que los clientes inicien su relato explicando las causas del deterioro de la convivencia, infidelidades, indiferencia por los problemas del otro, etc. Sin embargo, lo cierto es que no es necesario alegar ninguna causa o motivo para proceder al divorcio. La Ley sólo establece un requisito para que se pueda solicitar el divorcio: que hayan transcurrido tres meses desde la celebración del matrimonio. Este requisito no será necesario en los casos en que se acredite la existencia de un riesgo para la vida, integridad física, libertad, la integridad moral o libertad e indemnidad sexual del cónyuge o de los hijos».
Lo primero que hay que hacer es acudir a un abogado. El procedimiento en sí puede ser de común acuerdo o contencioso. El primero es más rápido, sencillo y barato (sólo hay un abogado). En tal caso, la demanda en sí puede ser instada por uno de los dos cónyuges (con el consentimiento del otro) o por ambos. Previamente habrán pactado un convenio regulador que será el que ratifiquen en presencia del juez a fin de que éste dicte sentencia de conformidad con lo solicitado, lo que hará siempre que el convenio regulador propuesto sea ajustado a derecho; es decir, no sea dañoso para los hijos o gravemente perjudicial para uno de los cónyuges. En el convenio regulador se reflejan los acuerdos a los que han llegado los cónyuges y que regulan la atribución del uso de la vivienda habitual, la guarda y custodia de los hijos, la liquidación del régimen de gananciales, si procede, y la contribución al pago de alimentos y/o pensión.

Si no hay acuerdo entre las partes

Si no hay acuerdo entre las partes las controversias suscitadas han de ser resueltas por el juez previa celebración de la vista donde deberán acudir personalmente ambos cónyuges acompañados de sus abogados y procuradores. Si hay hijos menores también es preceptiva la intervención del Ministerio Fiscal y si los menores tienen el suficiente juicio, se les podrá oír a ellos. Tras la celebración del juicio, sin más trámite, el juez dictará sentencia concediendo el divorcio y aprobando el convenio regulador que en adelante regirá a las partes. Los cónyuges podrán recurrir la sentencia en todo o en parte ante la Audiencia Provincial, si bien conviene precisar que mientras se sustancia la apelación lo acordado por el Juez de Primera Instancia es plenamente eficaz.
Fernando Días-Ponte resalta que conviene explicar que «es posible solicitar del Juez de forma previa o simultánea a la presentación de la demanda de separación o divorcio contencioso la adopción de medidas provisionales con el fin de regular inicialmente determinados aspectos que no pueden esperar a que recaiga sentencia de divorcio para ser tratados. Como su propio nombre indica, estas medidas son provisionales por lo que la sentencia de divorcio será la que posteriormente establezca las medidas definitivas». Por ejemplo, un régimen de visitas del menor en el caso de que el cónyuge que los tenga se niegue a dejar que su ex pareja los vea.

Cosas que debes saber y nadie cuenta

—¿Qué consecuencias puede traer abandonar el hogar antes de haber firmado la separación?
—Desde el punto de vista estrictamente civil, los cónyuges están obligados a vivir juntos, por lo que si no se va a cumplir con dicha obligación, lo razonable es interponer una demanda de separación o, al menos, pactar los términos de la separación de hecho.
«Dejar la vivienda habitual y trasladarse a otra —explica Díaz-Ponte—, no implica per se consecuencia legal directa alguna siempre que no traiga consigo dejar de cumplir con los deberes legales de asistencia y sustento a que estemos obligados. En cualquier caso, debemos tener en cuenta ante un hipotético divorcio contencioso que cualquier situación de hecho que consintamos o propiciemos puede ser interpretada por el juez en un futuro procedimiento como un acto propio, o como voluntad de las partes y, en consecuencia, podría dictar una sentencia que dé continuidad a dicha situación de hecho. Otra cosa es el abandono de familia, —en síntesis, dejar de cumplir los deberes legales de asistencia inherentes a la patria potestad— que se encuentra tipificado penalmente y lleva aparejada una pena de prisión de tres a seis meses o multa de seis a doce meses».
Según el abogado, «cuando hablo con el cliente no recomiendo que, ante una situación “predivorcio” con una negociación en ciernes o ya en marcha, se marche del domicilio. Las razones son varias; una porque mantenerte en el domicilio sirve como medida de presión, dos; porque quien abandone el hogar está facilitando al otro cónyuge una situación de hecho que al que ha abandonado no le va a favorecer (menos aún si es hombre) o tres; porque te pueden dejar seco al interponerte una demanda mientras tú piensas que estás negociando. Además, los jueces ya se encuentran predispuestos a darle la custodia a la mujer, por lo que si se encuentra que el hombre voluntariamente ya abandonó el domicilio conyugal lo más probable es que el juez “dé continuidad“ a la situación de hecho ya creada, atribuyendo el domicilio a los menores y con ellos a la madre que es quien ya los cuida».

La custodia

Sobre el tema de la custodia, hay mucha confusión. De hecho y por ejemplos de personas populares se generan ideas confusas ante este hecho. La estipulación de quién se queda con los niños se hace de la siguiente manera: «En el caso de que haya acuerdo entre los progenitores el juez ratificará la decisión de éstos salvo que aprecie que puede haber algún riesgo para los menores. En caso de desacuerdo, oídas las partes y en su caso, el Ministerio Fiscal, será el juez quien decida sobre la adjudicación de la guardia y custodia de los hijos». Últimamente se escucha que cada vez son más padres los que obtienen la custodia o la custodia compartida. Esto se soluciona, generalmente, de la siguiente forma: «los jueces siempre tienen en cuenta al progenitor que con anterioridad a la demanda de separación o divorcio, la venía ejercitando con mayor intensidad y que, generalmente son las mujeres. Si nos atenemos a las estadísticas publicadas por el Instituto Nacional de Estadística, comprobaremos cómo las mujeres siguen siendo las que soportan en mayor medida el cuidado de la familia. Así, estadísticamente las mujeres son las que más reducciones de jornada por cuidado de hijos solicitan (aprox. el 85%) las que más excedencias solicitan y las que más terminan por abandonar su empleo por idénticos motivos. Esto explica, aunque la tendencia es la búsqueda de la custodia compartida, porqué casi siempre el juez otorga la custodia a las madres».

La pensión

Una vez establecida la custodia se acuerda una pensión. Puede ser de alimentos (obligatoria) y compensatoria (opcional). La primera es aquella que se establece para cubrir los gastos del menor en todo aquello que se considera como indispensable para el sustento, habitación, vestido, asistencia médica y educación mientras sea menor de edad, y aún después cuando no haya terminado su formación por causa que no le sea imputable. Corresponde a los cónyuges fijar su cuantía, periodicidad, forma de pago y bases de actualización, y si no hay acuerdo, al juez. No existe un baremo que vincule a los jueces para su cálculo, aunque sí han sido publicadas por el CGPJ unas tablas orientadoras que facilitan el cálculo a los juzgadores y pretenden aumentar la seguridad jurídica y facilitar los acuerdos extrajudiciales. En cualquier caso, y a grandes rasgos, el importe de la pensión de alimentos depende de cada caso concreto y se modera judicialmente en función de los ingresos de quién deba abonarlo y las necesidades de los beneficiarios.
En cuanto a la compensatoria, el derecho a su cobro se determina a la vista de la existencia de un desequilibrio económico entre los cónyuges. Los requisitos de ese desequilibrio económico han sido fijados jurisprudencialmente por el Tribunal Supremo, el cual estableció que para determinar la existencia de desequilibrio económico generador de la pensión compensatorio debe tenerse en cuenta básicamente y entre otros parámetros, la dedicación a la familia y la colaboración con las actividades del otro cónyuge, el régimen de bienes a que ha estado sujeto el patrimonio de los cónyuges en tanto que va a compensar determinados desequilibrios y su situación anterior al matrimonio.
Dicho de otro modo, la opinión doctrinal y judicial mayoritaria estiman que la finalidad de la pensión compensatoria es la de ayudar al cónyuge beneficiario a alcanzar, en la medida de lo posible, aquel grado de autonomía económica que previsiblemente hubiera podido alcanzar de no haber mediado el matrimonio y la consiguiente dedicación familiar que le haya supuesto un obstáculo en su desarrollo profesional o económico. Aunque ha sido largamente objeto de controversia, el Tribunal Supremo estableció mediante sentencia de 17/07/2009, que aunque cada cónyuge tenga un trabajo independiente no por ello ha de ser obstáculo para la fijación de una pensión compensatoria si existe un desequilibrio económico en el momento de la separación.

La parte psicológica

En caso de separación de los padres siendo los niños menores de cinco o seis años, ¿qué explicaciones son las mejores? Mónica Serrano, psicóloga clínica colegiada y experta de la Pedagogía Blanca explica que «cuando una pareja se rompe, los cambios para toda la familia son evidentes. En estos casos, es esencial tener presente que la pareja se ha roto, pero que ello no debe implicar que también se rompa la familia. La familia se transforma pero no tiene porqué desestructurarse ni, mucho menos, desaparecer».
Este mensaje es el que hay que lograr transmitir a los niños fundamentalmente: «sus padres ya no son pareja, pero ellos, como hijos, van a conservar su familia y, con ella, la protección, el cuidado y el amor que ella le ofrece», añade Serrano.
¿Cómo explicárselo a los niños? «Cuando son pequeños, necesitan explicaciones sencillas y concretas, del tipo “papá y mamá ya no van a vivir en la misma casa”, “papá va a vivir en otra casa porque ya no es el novio de mamá”. Dada esta explicación, puede surgir la pregunta de “¿por qué?” por parte del niño. En este caso, explica la psicóloga, de nuevo debemos dar explicaciones concretas como «por qué ahora estamos mejor viviendo en casas separadas», comparando con ejemplos cercanos de seres muy queridos que no viven en nuestra casa: como los abuelos (o la tía u otras personas muy cercanas al niño) que nos quieren mucho pero no viven aquí.
Es importantísimo dar una explicación al niño desde el principio, no demorarse en ofrecerla ni transmitir falsas expectativas del tipo «papá se ha ido de viaje» cuando, en realidad, se ha marchado de casa. «La veracidad de la explicación permite al niño sentirse seguro ante la nueva situación», concluye la experta.

Cara y cruz de la custodia compartida

Antes de los 6 años, la custodia compartida puede ser complicada. Los niños pequeños, durante la primera infancia, tienen un vínculo muy estrecho con su madre, generalmente. Esto no quiere decir que no lo tengan con su padre, pero sí que separarse de su madre durante períodos largos de tiempo puede no ser lo más adecuado para su desarrollo emocional.
Después de los 6 años, habría que analizar la situación de cada familia para poder decidir qué tipo de régimen de custodia es el más beneficioso para los niños. Para ello habría que analizar los deseos y expectativas de ambos padres, sus posibilidades de atender a los niños y, por supuesto, las necesidades emocionales de los niños, sus deseos y cómo integrarían vivir en un régimen de custodia compartida en función de sus características personales.
Asimismo, sería esencial en todos los casos establecer las condiciones de la custodia velando, en todo momento, por el bienestar de los niños.
No obstante, cuando se plantea un régimen de custodia compartida, resulta esencial que la relación entre el padre y la madre sea fluida, que exista una comunicación aceptable entre ambos y consenso en cuanto a estilos de crianza y educativos. Si no se dan estas condiciones, el régimen de custodia compartida puede ser muy complicado para los niños.
Mensajes que hay que recalcar de manera constante para que no se sientan perdidos:
—El mensaje fundamental es que tanto su padre como su madre los quieren muchísimo, que ambos van a estar con ellos, cuidándolos, protegiéndolos y queriéndolos.
—Transmitir la incondicionalidad del amor de ambos padres hacia los hijos y que aunque haya habido una separación, su amor por ellos sigue siendo incondicional y lo seguirá siendo siempre.
—Decir de manera constante que ellos son unos hijos maravillosos, tanto para su padre como para su madre. De este modo estaremos previniendo que pudiesen sentirse responsables de la separación.
¿Qué sienten en general los niños cuando se separan sus padres?
Ante la separación de sus padres, los niños experimentan pérdidas: la pérdida de la unión familiar tal y como la habían concebido hasta el momento de la separación, la pérdida de habitar junto al padre que se marcha, la pérdida rutinas y actividades que antes se hacían con ambos padres a la vez…
Estas pérdidas pueden esconder tras de sí diversas experiencias emocionales: la sensación de inseguridad asociada al cambio, la frustración por no poder obtener lo que se desea (evitar la separación), la percepción de una amenaza potencial (la separación puede percibirse como peligro a perder el cariño de los padres).
Como toda pérdida, ésta lleva asociada un proceso de duelo. Los niños, tras la separación de sus padres han de elaborar su proceso de duelo por todo lo perdido y es esencial que este proceso sea permitido, respetado y acompañado por parte de los padres.

¿Cómo actuar ante los hijos?

En las separaciones los dos sufren emociones asociadas al sufrimiento, como son la frustración, ira, tristeza, ansiedad, etc. Es un proceso muy complicado y, muchas veces, la relación entre ambos queda enormemente deteriorada. Sin embargo, es esencial mantener el respeto entre ambos por el bien de los niños.
Consejos:
-No criticar jamás al otro padre delante de los niños.
-No tratar de poner a los niños en contra del otro padre.
-Jamás se debe utilizar al niño como “mensajero” entre ambos padres. Son los padres los que deben hacerse cargo de la comunicación entre ambos, no los hijos.
- Nunca deben hacerse comentarios que favorezcan el sentimiento de abandono, del tipo “tu padre, que no se ocupa de ti…”, “tu madre que ha roto nuestra familia…”
-No permitir jamás que otras personas hablen mal delante del niño del padre o madre ausente.
Lo que siempre se debe hacer
-Decirles la verdad de la manera más positiva posible. Las explicaciones deben ser ciertas pero siempre resaltando los aspectos positivos. Por ejemplo, en vez de decir “papá y mamá ya no se quieren” podemos decir “papá y mamá están más felices viviendo en casas distintas”.
-Mostrar siempre respeto hacia el otro padre delante de los niños. Debemos entender que, aunque ya no sea nuestra pareja, siempre será el padre/la madre de nuestro hijo y que, por respeto y amor a nuestro hijo, debemos demostrar respeto a su padre.
- Fomentar al niño seguridad con frases tipo: “papá te quiere mucho, qué bueno es papá” y lo mismo con la madre.

miércoles, 19 de marzo de 2014

ABC

Sí, es posible ser buen padre estando separado/divorciado

Padres que hasta entonces habían sido amorosos y responsables de repente descuidan sus obligaciones parentales

Muchas, demasiadas veces, cuando se produce una separación, algunos padres que hasta entonces habían sido amorosos, responsables, y muy cuidadosos con sus hijos, de repente descuidan un poco sus obligaciones parentales. ¿Por qué? «Simplemente, porque tienen que preocuparse de asuntos personales más perentorios: debo irme de mi casa, mi situación económica ha empeorado, me están poniendo denuncias por todas partes... en ese momento de extrema virulencia, uno no está en condiciones de dedicarse a la prole en cuerpo y alma», explica Paulino Castells, especialista en pediatría, neurología y psiquiatría, profesor de psicología y magistesrio en la Universidad Abat Oliba (CEU de Barcelona), y autor del libro «Tenemos que educar» (Ediciones Península, 2011). Claro está, continua, «que los padres deberían separar sus trifulcas personales y seguir ejerciendo su labor educativa por el bien de los hijos, y esto es lo que los profesionales que tratamos problemas de pareja intentamos que se cumpla pero, para ser sinceros... cuesta mucho», reconoce.
La separación, el divorcio... es una decisión de adultos: ni el padre ni la madre deberían olvidar nunca que el hijo áun es hijo y debe seguir siéndolo, recuerda la enciclopedia «La Psicología que nos ayuda a vivir» (La Esfera de los libros, 2007). Es más, tal y como dice el pscólogo francés Gérard Poussin, de la Universidad de Grenoble, «el fracaso de la pareja conyugal no tiene por qué obstaculizar el triunfo de la pareja parental». Por eso hoy, en el día del padre, recordamos los cinco mandamientos del papá separado o divorciado:
1. Que el hijo se sepa amado por ambos padres. «Hay que decirle que si él está en este mundo fue porque lo decidieron dos personas que en aquel momento se amaban», sugiere Castells.
2. No hacerle escoger a uno solo de sus progenitores en detrimento del otro. «El hijo es un resultado de ambos, portador de las dos ramas genealógicas y, por lo tanto, en él están representadas las dos partes por igual», indica este docente.

3. Educar en común. Para Javier Urra, antiguo defensor del Menor de la Comunidad de Madrid, «si a la hora de educar siempre es difíl mantener la sintonía entre los padres, tanto más si están separados o divorciados. Un padre separado debería esforzarse al máximo para homogeneizar criterios ante esas diferencias que afloran en las pequeñas y fundamentales situaciones tales como horarios de salidas, grupos de amigos, horas que debe pasar el niño ante la televisión, el campamento el niño... Solo así el niño podrá recibir una buena educación».
4. Evitar hablar mal de la madre. «Hablar mal de la madre, culpabilizarla... si esto ocurre, el adolescente con los años puede mostrarse despectivo hacia ella. A veces, la crítica caústica contra la "ex" se vuelve contra uno con el tiempo, como un bumerán. Cuando el padre es muy permisivo, y además habla mal de la madre, si esta es consentidora, puede provocar que con los años el hijo la agreda», apunta Urra. De hecho, añade Castells, cuando el padre hable de la madre, no solo no tiene que recrearse amplificando sus rasgos negativos, sino que debe resaltar sus rasgos positivos, con frases como "me enamoré de tu madre por estas cosas que tú ahora haces" o "me gusta cuando veo que te pareces a ella"».
5. No utilizar al hijo como aliado. El proceso de hostilidades de los padres, con continuas recriminaciones y denigraciones, es un paso rápido del amor al odio. «Si el padre trata de utilizar al hijo como aliado, puede ocasionarle un gran conflicto de lealtades y una profunda disensión, con sentimientos colaterales de culpabilidad o rechazo. Muchas veces se produce un enfrentamiento perverso de la situación por parte del hijo: "Iré este fin de semana con el que me lleve al cine"».

jueves, 27 de febrero de 2014

Atlantico

Sondeo nacional sobre la infidelidad : uno de cada tres españoles admite haber sido infiel

El 64% de los españoles no se arrepiente de haber sido infiel

El instituto Europeo IFOP publica hoy el resultado más polémico del año: “1 de cada 3 españoles admite haber sido infiel alguna vez”. Esta es una de las sorprendentes revelaciones exclusivas del Observatorio de la Infidelidad* promovido por el primer sitio web de encuentros extraconyugales pensado por mujeres, Gleeden.com.

Este estudio internacional, que tiene como objetivo desvelar las tendencias y la evolución de la infidelidad en Europa, demuestra que otra vez España está a la cola... esta vez en cuanto a adulterio. De los países estudiados, Alemania e Italia son los países más infieles, ambos con un 45% de la población que admite haber mordido la fruta prohibida alguna vez. España se encuentra en penúltimo lugar de la clasificación, con un 39%, por delante únicamente del Reino Unido.

Además, España también es de las últimas en cuanto a igualdad entre hombres y mujeres: Una de cada cuatro mujeres (28%) admite haber sido infiel alguna vez, mientras que los hombres casi doblan esta cifra, con el 50% que confiesa haber sido adúltero. Esta gran brecha de 22 puntos, solo es superada por poco por Francia, con una diferencia de 23 puntos (55% para los hombres y 32% para las mujeres). Esto demuestra que aunque la sociedad evolucione hacia la igualdad de géneros, la infidelidad se sigue conjugando en masculino.
Otra de las insólitas conclusiones del Observatorio Gleeden es que el sentimiento de culpa tras una infidelidad no es la norma sino la excepción. Solamente uno de cada tres adúlteros (36%) siente remordimientos tras su desliz. El estudio también demuestra que el amor no es incompatible con la infidelidad: 2 de cada 3 españoles cree que se puede querer a su pareja aun teniendo una aventura.

miércoles, 26 de febrero de 2014

ABC

Lo que le cuesta a él el divorcio

Una experta en familia analiza minuciosamente todos los gastos que ellos deben soportar con la ruptura del matrimonio

No hay duda de que tomar la decisión de divorciarse es la punta de un iceberg bajo el que se acumulan numerosos conflictos, falta de comunicación, dejadez, rutinas, celos, infidelidades... El coste emocional y psicológico de esta drástica ruptura es para ambos muy grande. Pero también el económico. Y, más aún, si tienen hijos.
No son pocos los casos en que la mujer se queda en el domicilio conyugal y es el hombre el que debe marcharse y «buscarse la vida», además de encargarse de parte de los gastos de su antiguo hogar y la manutención de los niños. Numerosos expertos en la materia aseguran que son ellos, los maridos, los que normalmente se llevan la peor parte, al menos desde el punto de vista económico. ¿Cuál es la razón?
Es difícil determinar el coste exacto de un divorcio porque cada pareja es distinta y depende de los ingresos de los progenitores, el nivel socioeconómico de la familia, el número de hijos, el tipo de divorcio, etc.
No obstante, para concretar los gastos que deben asumir los hombres, Nuria Caballero Valentín, abogada experta en Familia, mediadora Familiar y experta en Inteligencia Emocional de Divorcio Expresss y Personal pone el ejemplo de un padre que trabaja y gana 2.000 euros, la madre también trabaja y gana 1.500 euros, tienen dos hijos y viven en un piso comprado por los dos con una hipoteca por la que quedan por pagar 15 años, a razón de 600 euros al mes.
Si esta pareja se divorcia y opta por lo que actualmente es más habitual, que se quede la madre a vivir en domicilio conyugal junto con los hijos y el padre se va de alquiler, los gastos que debe asumir el padre son:
1—. El 50% del proceso de divorcio (honorarios de abogado y procurador). «Si se hace por un servicio de internet de Divorcio Express y de mutuo acuerdo, este gasto puede ascender de 400 a 600 euros (la mitad la pagaría el padre: entre 200 a 300 euros) —asegura Nuria Caballero—. Si se realiza de mutuo acuerdo con un abogado tradicional, con entrevistas en el despacho, el gasto puede ascender de 900 a 1.200 euros (la mitad corresponde al marido, de 450 a 600 euros). En el caso de que el divorcio fuera contencioso, el costo del proceso podría ascender de 1.200 a 3.000 euros».
2—. Aunque el padre se vaya a vivir fuera del piso conyugal, lo normal es que el piso siga siendo de la pareja y ambos sean los responsables de la hipoteca, por lo que este hombre debería pagar cada mes la mitad, que sería un gasto de 300 euros al mes.
3—. En el caso de que el padre se alquile un piso en la misma ciudad donde viven la madre y los hijos, «necesitará un piso de, al menos, dos habitaciones para tener espacio para que duerman sus hijos el fin de semana que estén con él. Dependiendo del barrio y de la ciudad donde vivan, el alquiler puede ascender a una media de 600 euros al mes», matiza la experta de Divorcio Express.
4—. Si alquila el piso amueblado no tendrá gastos para equiparlo, pero si optara por coger un piso vacío para adecuarlo a sus nuevas necesidades, el coste medio con todas las comodidades (un dormitorio de matrimonio, un dormitorio de niños, un salón, electrodomésticos, vajillas, ajuar, etc.), puede ascender a 3.000 euros.
5—. Desde el momento en que el padre comienza a vivir sólo en su nuevo piso tendrá que asumir todas las nuevas facturas de consumo: luz, agua, gas, internet, teléfono... Suponiendo un consumo medio estimado por estos conceptos, la cantidad sería de 100 euros al mes.
6—. Al tener dos hijos tiene que pagarles mensualmente una pensión de alimentos que cubre sus necesidades básicas (comida, vivienda, ropa, colegio, farmacia, libros, material escolar, matrículas, etc.). Con sus ingresos, lo normal es que pague 250 euros para cada hijo, lo que supondrá un gasto al mes de 500 euros.
Además deberá pagar el 50% de los gastos extraordinarios de sus hijos, pero ésto es sólo cuando se produzcan (por ejemplo ir al dentista, comprarle unas gafas graduadas, excursiones del colegio, etc.).
6—. Él tendrá, además, que comer, vestir, tener ocio, poner gasolina a su coche, mantener su móvil..., disponiendo para ello lo que le sobre después de asumir el resto de los gastos antes mencionados. «Por tanto, —concreta Nuria Caballero—, si gana 2.000 euros y paga 300 de hipoteca, 600 de alquiler, 500 para sus hijos y 100 de consumos en su casa, tendrá un gasto de 1.500 euros. Es decir, le quedarán otros 500 euros para él (comer, vestir, gasolina, etc.)».
Esta experta considera que como el gasto inicial de abogado y amueblar o acondicionar el piso se realiza sólo una vez, «estos gastos deberían asumirlos ambos cónyuges al 50% para empezar cada uno desde cero con un piso acondicionado para sus hijos. Si se hace a medias, el padre pagaría entre 2.000 y 4.000 euros».
Habrá que tener en cuenta que la esposa gana 1.500 euros y recibirá del esposo 500 euros para ayudar a mantener a los niños, por lo que ella dispondrá de 2.000 euros para:
—Su parte de hipoteca.......300 €
—Los consumos en su casa.......150 €
—Los colegios, ropa, uniformes, libros, matrículas, clases extraescolares de sus hijos.......600 €.
Es decir, le quedan para vivir tres personas (comida, ocio, etc.) un total de 950 €.
Si al echar estos cálculos se viera que queda desproporcionado para alguna de las partes, Nuria Caballero propone que podrían plantearse otras soluciones, como que la madre asumiera más parte de la hipoteca porque ella va a vivir allí, y el día que se liquide la sociedad de gananciales y vendan el piso calculen que si ella ha puesto más, recibirá más.
«De todas formas —explica— como cada familia tiene unos ingresos y gastos, no es demasiado importante lo que pueda costar una lavadora nueva (unos 300 euros), una televisión (las hay desde 150 euros) o el gasto de divorcio (hoy los hay desde 400 euros) porque no solo se pueden pagar a plazos. Lo que hay que ver, una vez firmado el divorcio, es qué cantidad debe asumir cada cónyuge al mes (hipotecas, alquileres, consumos vivienda, pensiones de alimentos, etc.) para analizar si es viable mantener dos casas con sus respectivas facturas, con los mismos ingresos que antes se mantenía una casa».

Pérdida de poder adquisitivo para los dos

Sea como fuere el divorcio va a suponer una pérdida de poder adquisitivo para ambos y lo aconsejable es que los dos miembros de la pareja hagan un esfuerzo por colaborar y ajustarse a la nueva situación, suprimiendo gastos innecesarios y, sobre todo, intentando que cambie lo más mínimo el bienestar o nivel de los menores, que es a quien debe protegerse.
Otra manera de repartir gastos es establecer una custodia compartida de los niños entre ambos progenitores, «haciéndose cargo de ellos al 50% del tiempo (ya sea semanas o meses), y en ese caso, en vez de dar una pensión el padre a la madre, cada uno asume los gastos de los niños el tiempo que estén en su casa. Pero para esta custodia —añade la abogada experta en familia— se tienen que dar unos requisitos muy especiales: que haya buena comunicación entre los padres, disponibilidad horaria de ambos, que vivan equidistantes del colegio para no alterar constumbres, amigos, actividades extraescolares, etc. Desgraciadamente, no siempre es posible. Y lo que por supuesto no puede usarse es una petición de custodia compartida para no pagar alimentos a los hijos».

martes, 25 de febrero de 2014

ABC

Las separaciones y divorcios de mutuo acuerdo, bajo el control del juez

El borrador del informe al Anteproyecto de Ley de Jurisdicción Voluntaria recomienda asimismo la presencia de abogado en este tipo de expedientes cuando los tramiten los notarios

El borrador de informe al Anteproyecto de Ley de Jurisdicción Voluntaria que el pleno del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) estudiará el próximo jueves 27 propone mantener el control del juez respecto de las separaciones y divorcios de mutuo acuerdo.
El texto considera que la competencia para celebrar un matrimonio –que el Anteproyecto extiende a los notarios- no debe amparar la de disolverlo, dado que son realidades absolutamente diferenciadas.
El borrador estima asimismo que debe seguir siendo preceptiva la intervención de abogado en este tipo de expedientes, así como en todos los relativos a la capacidad de las personas, menores y familia en general.
De este modo, se recomienda específicamente la presencia de abogado en los expedientes notariales de separación y divorcio de mutuo acuerdo, considerándose imprescindible que cada parte esté asistida en todo caso por su propio letrado.
Respecto al requisito de la edad para contraer matrimonio, que pasa de 14 a 16 años, el borrador pide mantener un cierto grado de discrecionalidad judicial, como en determinados casos ocurre actualmente.
Además, el borrador de informe propone que continúen siendo las Comisiones de Asistencia Jurídica Gratuita, y no los notarios o los registradores en los expedientes que tramiten, los que valoren la concurrencia de los requisitos relativos a la insuficiencia de recursos económicos que dé derecho a esta prestación.
También aboga porque, en los casos de algunos expedientes cuya tramitación se atribuye en exclusiva a notarios y registradores, se aplique el arancel correspondiente a los documentos sin cuantía que los acerquen, en cuanto a su coste para el usuario, a los tramitados en sede judicial, carentes de tasa.
Por último, el texto propone mantener exclusivamente en el ámbito jurisdiccional las reclamaciones de deudas dinerarias no discutidas, lo que justifica en la «ineludible necesidad» de que sea el juez quien controle –a través de su competencia para inadmitirlo- la propia admisión de la petición y la suficiencia de la documentación presentada por el acreedor, cada vez más compleja.
En este sentido, el borrador destaca la necesidad de un riguroso control previo por parte del órgano judicial de la suficiencia y adecuación de los documentos y recuerda que el control de la información que se facilita al deudor para conformar su voluntad de aceptar o no la reclamación efectuada es esencial.

martes, 18 de febrero de 2014

ABC

Cómo saber en cinco minutos si te vas a divorciar en el futuro

El sistema es capaz de pedrecir con un acierto del 90% las parejas que permanecerán y cuáles se separarán después de verlas relacionarse por este espacio de tiempo

Hablamos de probabilidades, de factores que aumentan el riesgo de divorcio, por supuesto no de certezas... En el último libro del profesor de Psicología y Criminología de la Universidad de Valencia, Vicente Garrido, «Cómo sobrevivir una ruptura», se reconoce que uno puede estar en esos grupos de riesgo, y vivir toda la vida felizmente con su pareja. En general para Garrido para ver si una pareja tiene futuro (o no lo tiene) es más interesante detenerse en el proceso de la relación, en el trato cotidiano de la pareja, para preguntarnos si es posible averiguar en qué medida ciertas prácticas habituales de la redacción guardan el secreto de la convivencia feliz o si, por el contrario, predicen el final de la misma.
En la obra de Garrido, que es una especie de hoja de ruta para las personas que se enfrentan ante un divorcio potencialmente conflictivo, donde se enseña qué errores no deben cometer dentro y fuera de los juzgados, se recoge también la investigación realizada por el famoso psicólogo John Gottman al respecto. Según este, «lo que hace funcionar a un matrimonio es sorprendentemente simple. Las parejas felizmente casadas no son más inteligentes, más ricas o psicológicamente más sofisticadas que otras, sino las que en su vida cotidiana construyen una relación que deja los pensamientos y emociones negativas sobre el otro muy por debajo de las positivas». «Los matrimonios felices se basan en una amistad profunda, respeto mutuo y disfrute de la compañía del otro», añade este experto.
Según sus parámetros, Gottman es capaz de pedrecir con un acierto del 90% las parejas que permanecerán y cuáles se divorciarán después de verlas relacionarse por espacio de sólo cinco minutos. Él sostiene, explica Garrido en sus páginas, «que lo fundamental para hacer esa valoración no es el hecho de si discuten o no, sino el modo en que lo hacen». De esta forma tenemos que después de revisar miles de horas de grabaciones de parejas, Gottman identifica los siguientes indicadores como los más cercanos a un divorcio futuro, a corto o medio plazo:
1. Inicios desagradables: discusiones que comienzan con sarcasmo


2. Crítica personal: no es lo mismo quejarse de un comportamiento de alguien que criticar un rasgo personal.
3. Desprecio o burla: gestos (rodar los ojos, sonrisas irónicas, etc.) o palabras (motes ofensivos) que indican la intención de que el otro se sienta mal.
4. Posición de defensa: tratar de que el otro crea que él (o ella) tiene el problema, y que es su tarea solucionarlo; nosotros somos «inocentes» no hemos tenido ninguna contribución.
5. El «muro defensivo»: es cuando un miembro de la pareja se evade de la interacción para evitar ser herido, algo que suele hacer mucho más el hombre que la mujer, debido a que en éste la reacción fisiológica o emocional es mucho más intensa y tarda más en disiparse (en otras palabras, se altera más y durante mayor tiempo). Razón por la cual son también las mujeres quienes suelen poner sobre la mesa la necesidad de airear o tratar un conflicto, mientras que los varones tratan de evitarlo.
6. La «inundación» emocional: cuando un miembro de la pareja es atacado verbalmente por el otro reacciona activándose como si sufriera una amenaza física (por ejemplo, con mayores dosis de adrenalina), y todo ello genera un gran desgaste y el deseo de no relacionarse.
7. El fracaso a la hora de prevenir o reparar los daños: las parejas felices saben detenerse en el tiempo, antes de que los daños sean severos, o bien después de una discusión o conflicto saben cómo retomar el humor habitual existente entre ellos. El sentido del perdón y del «olvido» mencionado antes tiene aquí su lugar.